Cómo influye el inconsciente en nuestra vida

El neurólogo y padre del Psicoanálisis Sigmund Freud, definió el inconsciente como un conjunto de procesos mentales que van más allá de la consciencia, y a los que ésta no tiene acceso. Estos pensamientos se producirían de una forma no consciente, quedando ocultos para nosotros,  pero pudiendo manifestarse de varias maneras en la vida diaria sin que apenas nos demos cuenta.

 

Un buen ejemplo de ello se produce mientras dormimos, cuando pueden aparecer mensajes de nuestro inconsciente, normalmente camuflados en el contenido de los sueños, al igual que posibles equivocaciones en nuestro lenguaje cuando cambiamos unas palabras por otras sin saber muy bien por qué.

Así, muchas de las decisiones que tomamos cotidianamente están inducidas por estos pensamientos involuntarios, siendo predeterminadas por el inconsciente,  incluso antes de que hayamos elegido escogerlas o no. Dicho de otra forma, se puede decir que decide por nosotros en algunas ocasiones, quizá más de las que pensamos y de las que nos gustaría.

Pero también es precisamente el inconsciente el que nos permite realizar acciones motoras y comportamentales aprendidas desde la niñez como lo son caminar, escribir, relacionarnos con los demás, etc., ya que conforma una memoria en la que de forma instintiva “clasificamos” recuerdos, aprendizajes, experiencias, principalmente de nuestros mayores modelos de comportamiento: la familia más cercana.

Muchas veces, ante recuerdos dolorosos o hechos traumáticos, funciona además como mecanismo de defensa a modo de represión para evitar revivir de alguna forma estas experiencias, siendo lo más recomendable sin embargo no reprimir los sentimientos con respecto a estos sucesos.

En definitiva, el inconsciente está formado por los impulsos y acontecimientos aprendidos durante los primeros años de vida. Todas estas vivencias continúan siendo parte de nosotros e influyendo en varios aspectos de la personalidad de cada individuo, anticipándose muchas veces a los propios actos sin que podamos evitarlo, conformando la “verdadera realidad” de nuestros deseos.

Fuente Imagen ThinkStock.

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