El síndrome del colon irritable es un trastorno digestivo que se suele asociar a enfermedades tales como la depresión, la fibromialgia o la ansiedad emocional.
Es considerada una enfermedad psicosomática, ya que su aparición se suele atribuir a estados de gran nerviosismo, y al igual que la mayoría de las enfermedades psicosomáticas, suele ser incomprendida y difícilmente diagnosticada.

Su diagnóstico suele darse cuando, después de varias pruebas, se han descartado otros problemas digestivos. Sus síntomas son: dolor abdominal, exceso de gases y alternancia de periodos de diarrea y estreñimiento.
No siempre aparecen todos estos síntomas, siendo los más habituales las molestias abdominales, la diarrea y el estreñimiento crónico. La gravedad de estos síntomas puede ir desde una leve molestia a una agorafobia producida por un miedo intenso a que se presenten estos síntomas en público, lo que puede dar lugar a serios problemas sociales.
Una de las causas más comunes de la aparición del síndrome del colon irritable es la alimentación, ya que algunos alimentos concretos hacen empeorar los síntomas de este trastorno. Puede que estas personas sean intolerantes a ciertos alimentos, entre los que se encuentran más comúnmente el trigo, los productos lácteos, la cafeína, el chocolate y los refrescos con gas. El estrés prolongado es otro factor que puede causar su aparición.
El tratamiento de este síndrome dependerá de la causa o causas que lo hayan provocado. En el caso de que la causa sea una alimentación inadecuada, debe procurarse seguir una dieta pobre en grasas y rica en proteínas (carne, pescado, soja) y fibra (pan integral, frutas y verduras). También es importante evitar los lácteos (pueden sustituirse por productos de soja), la cafeína, el chocolate, las bebidas gaseosas y los fritos.
Por el contrario son recomendables las infusiones, cereales, pastas, patatas, arroz, huevos, carnes sin grasa (pollo, pavo) y pescados cocidos, al horno y a la plancha, y suplementos dietéticos ricos en vitaminas A, B y C. Además, realizar cinco comidas poco abundantes al día, beber cerca de 2 litros de agua diarios, mantener un horario fijo de comidas y comer despacio procurando masticar bien cada bocado, servirán de gran ayuda.
En lo referente al estrés, es aconsejable el aprendizaje de técnicas de relajación y respiración (Yoga, Tai-Chi), la realización de ejercicio físico regular, y en caso de ser necesario, apoyo psicológico profesional.