Superar los traumas del pasado

Las vivencias que forman parte de nuestra existencia marcan notoriamente nuestra forma de pensar y de actuar. Todos tenemos un equilibrio básico del cual parten nuestros pensamientos, palabras y acciones.

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alondra
viernes, 25 noviembre, 2011

Múltiples teorías psicológicas se utilizan para estudiar y tratar clínicamente a las personas cuando hemos vivido situaciones que rompen este equilibrio y que representan un antes y un después en nuestras personalidades.

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La verdad es que por la simple razón de que existimos, estamos a merced de situaciones que nos pueden causar un profundo sufrimiento mental que puede prolongarse en el tiempo.  Y por más que nos digan que todo pasará y que la situación cambiará, nuestros corazones afligidos no sienten, en ese momento, la más mínima esperanza.

El ser humano es capaz de activar diversos mecanismos psíquicos para convivir con los sentimientos que nos producen los recuerdos de  hechos traumáticos pero, algunas veces estas sensaciones se apoderan de nuestra cotidianeidad y nos convierten en seres con una vida quebrada y llevada por la inercia. Minados con una gran angustia emocional.  Con la autoestima por los suelos. Nacen los traumas. Hoy reflexionaremos sobre los traumas psíquicos.

Las mujeres solemos tener sentimientos encontrados e instigantes característicos de la feminidad. La sensibilidad, requerida para la maternidad, impregna todos los aspectos de nuestra vida aunque no seamos madres y nos revuelve constantemente nuestro mundo interior.

Las relaciones de amistad y amor con la familia, los compañeros, la pareja, los hijos y demás que nos rodean nos permiten compartir espacios de acción y pensamiento. De hecho son lazos fundamentales para sentirnos parte de un todo. También es de estas relaciones donde surgen los grandes problemas que nos aquejan y nos deprimen, nos entristecen y nos devoran por dentro la tranquilidad y la armonía.

Es decir, que todos estamos expuestos a experimentar situaciones traumáticas que causan un revés a nuestra vida y es ahí cuando nos sentimos en el fondo de un pozo sin fondo. Pero también es en estos momentos cuando debemos desarrollar nuestra fortaleza interior y aferrarnos a algo que nos permita continuar.

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La frustración es una de las principales sensaciones que nos producen este desasosiego.  Nos limita el pensamiento positivo, la acción creativa y la conversación esperanzadora. El habernos fijado una meta de cualquier índole, ya sea de relaciones personales, trabajo, estudios, salud, bienestar en general, afectiva, etc. y vernos en la situación de tener que abandonarla o de que ciertos factores han influido para su desaparición, nos llena de una terrible angustia que pareciera poner fin a nuestra razón de ser.  También podemos estar traumatizadas por algo que creemos que sucedió y no fue así.

Ahora bien, ¿Qué podemos hacer cuando nuestra vida se ve inmersa en estas circunstancias? Lo primero y más importante es alimentar el deseo de seguir adelante. Aquí yace la raíz de un nuevo comienzo.

No debemos negar los pensamientos, ni las situaciones adversas; más bien, es indispensable que asumamos estos hechos como parte de nuestra vida y nos dispongamos firmemente a asimilarlos con la mayor tranquilidad y calma posible.

Esta tranquilidad no tiene nada que ver con la resignación religiosa. Estamos hablando de una tranquilidad activa.  Una tranquilidad en la cual internalizamos las circunstancias y aprendemos a sobrellevar los efectos de los recuerdos.  Nada ni nadie debe controlar nuestras vidas. ¡Nosotras tenemos el poder para cambiar y transformar lo que sea necesario!

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A la vez que alimentamos este deseo, es vital trazarnos una visión de futuro, es decir, visualizar en nuestro interior el tipo de vida que nos hará feliz. Teniendo esta visión clara, es muy recomendable buscar la ayuda de un profesional de salud mental para que nos facilite las herramientas conductuales que necesitamos para enfrentar la vida diaria.

De la misma manera no olvidemos cuidar aspectos tales como: nuestras horas de descanso, actividades sanas en tiempo de ocio, relacionarnos con personas que nos aporten esperanza y alegría, fijarnos pequeños objetivos e ir lográndolos a nuestro propio ritmo, permitir que la gente que nos quiera, se nos acerque.  Una alimentación balanceada y el ejercicio físico serán dos aspectos básicos para nuestra recuperación. Recuerda pensar siempre en que mucha gente que te rodea se sentirá animada y podrá sentir esperanza también en su vida si tú eres su ejemplo de superación.

Con estas sencillas recomendaciones y las que te de tu especialista, podrás ir superando el pasado y creando un nuevo futuro brillante y enriquecedor para tí y para las personas que comparten tu día a día.

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