
El Movimiento Slow nació en 1986, en la Piazza di Spagna (Roma), como protesta por la apertura de un establecimiento de McDonald’s. Todo comenzó cuando el periodista Carlo Petrini fundó la que sería la semilla de este movimiento, el Slow Food, que, frente a la cultura del Fast Food, defiende recuperar el placer de disfrutar comiendo, proteger la gastronomía local y frenar la explotación intensiva de la tierra. El espíritu del Slow Food pronto sería aplicado a otros ámbitos y extendido internacionalmente.
Las prisas y el estrés nos dominan de tal forma que nos olvidamos de disfrutar de los detalles y perdemos el control del tiempo. El Movimiento Slow no promueve la inactividad ni la vida contemplativa, sino un modo de vida pausado y saludable. Se trata de un movimiento realista que no apuesta por destruir la base de las sociedades modernas, lideradas por la tecnología y la velocidad, sino por una existencia más emocional y libre.
El Movimiento Slow no está controlado por una organización oficial, pero cuenta con la red internacional de Cittaslow, formada por pequeñas poblaciones internacionales, de las cuales siete son españolas. Además, en 2005 se creó la organización Simpatizantes de Cittaslow, a la que pueden acceder instituciones públicas, empresas y poblaciones que, aunque no cumplan con los requisitos, sean simpatizantes. En 1989 se fundó en España la Asociación Española de Slow Food y, de forma más individual, existe la comunidad global Snow, en continua extensión.
En resumen, la clave del Movimiento Slow está en la selección de prioridades y en una inversión de tiempo más equilibrada entre el descanso y las responsabilidades. Anima a una vida más placentera y plena, centrada en los valores humanos y en la importancia del individuo mirando siempre por un desarrollo sostenible.
Fuente Imagen desde http://www.flickr.com/people/chunkfree/, por F. Prieto
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