El cerebro es sin duda el órgano más complejo de nuestro cuerpo, y el que rige nuestros pensamientos y emociones. Puede decirse que se compone de dos partes: el cerebro racional y el cerebro emocional. Ambas facetas deben mantener un equilibrio para que nuestra salud mental y física sea adecuada.
Mientras que el cerebro racional se basa en evidencias objetivas y establece relaciones entre causas y efectos, el cerebro emocional funciona de distinta manera. Es más rápido que el primero, ya que no analiza las consecuencias de las acciones y actúa por impulso.
El sistema Límbico del Cerebro Emocional
Se ha descubierto que la parte del cerebro que controla las emociones psicológicas es el llamado sistema límbico profundo, localizado en la zona frontal de este órgano. Se ocupa de la gestión de las emociones, la memoria y el aprendizaje, y es aproximadamente del tamaño de una nuez.

Gracias al sistema límbico somos capaces de almacenar información en nuestra memoria, lo que afecta profundamente a nuestro estado emocional. Por ejemplo, los traumas del pasado nos hacen sentir emociones negativas, mientras que los buenos recuerdos nos llenan de optimismo.

El sistema límbico está formado principalmente por el hipocampo, responsable de la memoria; la amígdala, que se ocupa de las emociones y los estados de ánimo; y el hipotálamo, que controla todas las funciones del sistema límbico.
EL HIPOCAMPO
El hipocampo se ubica en el interior del lóbulo temporal, bajo la superficie cortical, y recibe ese nombre por su forma parecida a la de un caballito de mar (científicamente llamado “hipocampo”). Desempeña una función esencial en la memoria y en la concepción del espacio, así como en la capacidad de orientación.
De hecho, en enfermedades como el Alzheimer el hipocampo es una de las primeras zonas cerebrales en deteriorarse, así como en otras enfermedades relacionadas con la pérdida de la memoria como la amnesia. Si sufrimos daños en el hipocampo, tendremos graves problemas para recordar y para crear recuerdos nuevos.
LA AMÍGDALA
La amígdala, por su parte, también está muy relacionada con la memoria, pues ayuda a la consolidación de la misma. Sin embargo, su función principal es la de procesar y almacenar reacciones emocionales. Juega un papel esencial en sentimientos como el amor, el miedo o el odio, y es fundamental para identificar los peligros y saber reaccionar ante ellos.

EL HIPOTÁLAMO
La tercera estructura que compone el sistema límbico es el hipotálamo, situado por debajo del tálamo. Cumple con diversas funciones, como la liberación de hormonas o el control de la temperatura corporal. Además, regula la conducta alimenticia y la ingesta de líquidos.
En cuanto a las emociones, el hipotálamo es el responsable del control de la expresión fisiológica de las emociones. Éste crea sustancias químicas relacionadas con sentimientos como la tristeza, la agresividad, el amor o la rabia. Además, influye notablemente en el deseo sexual. Otra de sus funciones es regular la temperatura corporal y el ciclo del sueño.
Otras zonas del Cerebro emocional
Encontramos en nuestro cerebro otras zonas clave para el control de las emociones. Un ejemplo es la corteza prefrontal, situada en la parte frontal del cerebro. Ésta se encarga de nuestra concentración, empatía, juicio y control emocional. Una baja actividad de la corteza prefrontal hace a una persona distraída y desorganizada, mientras que una actividad desmedida puede causar ansiedad, estrés e hiperactividad.
Bajo las sienes y detrás de los ojos se sitúan los lóbulos temporales. Son los responsables del reconocimiento de los objetos y de la estabilidad en el humor. Sufrir daños en los lóbulos temporales puede llevarnos a actuar con agresividad, ira o a padecer depresión severa.

Por último citamos los ganglios basales, que pueden definirse como un conjunto de núcleos que rodean al sistema límbico profundo. Su función es la de relacionar los movimientos con los sentimientos y pensamientos ante determinadas situaciones.


