
Autor: Meyshanworld
Afrontar un divorcio nunca es tarea fácil. Pero cada vez más parejas deciden poner fin a su relación matrimonial y frases como “vivieron felices y comieron perdices” quedan relegadas a los cuentos de hadas.
La realidad es bien distinta, cuando una relación no funciona lo mejor es ponerle fin y solucionar los problemas que ha ido generando a lo largo de todo el tiempo en que se ha seguido por inercia.
Los hijos son uno de los principales motivos de este tipo de decisiones. Lo que es absolutamente cierto, es que los pequeños prefieren ver felices a sus padres, aunque sea por separado, que presenciar continuas discusiones o situaciones de ignorancia mutua entre ellos.
Las fases por las que una persona pasa durante una situación emocional tan compleja como es un divorcio son las que os mencionamos a continuación. Pero esta guía no es exacta, puesto que cada persona tiene unas necesidades emocionales distintas. Tampoco llevan un orden establecido, en ocasiones puede parecer que se ha superado una etapa y de repente volver a vernos sumergidos en ella, tener la sensación de que se retrocede es bastante habitual. Lo que no se debe hacer bajo ningún concepto es compararse con los demás, y mucho menos con como lo está llevando nuestra ex-pareja.
Etapa de Shock. Como su nombre indica sucede cuando uno de los miembros de la pareja quiera el divorcio y el otro no se lo espera. Ante el dolor la mente reacciona para protegerse de él manteniendo a esa persona en un estado de insensibilidad, aturdimiento. En esta etapa es difícil poner los pies en el suelo, puesto que nada parece real.
La negación: cuando la mente ya ha tomado conciencia de la realidad, la tendencia normal es tratar de negarla o quitarle importancia. Frases recurrentes en esta etapa son: “en estos momentos está enfadado, pero se le pasará” o “sólo lo dice para asustarme”. Esta etapa se hace palpable en algunos problemas de conducta, como el insomnio, la falta de concentración, o la alteración e los hábitos alimenticios, ya sea comer poco o en exceso.
El caos emocional. Cuando la negación pierde su razón de ser y la realidad se impone a nuestras esperanzas, se empieza a tomar conciencia de todo lo que el fin del matrimonio conlleva. Reconocemos la pérdida de la relación y de lo que implica estar casado, recordamos los buenos tiempos, y los sueños que parecen truncarse. A su vez, la situación personal cambia a nivel económico, social y familiar.
Al ser conscientes de todo esto, es normal tener cambios repentinos de humor, y una considerable falta de control emocional. Podemos sentir coraje o ira hacia nuestra pareja por el sufrimiento que nos está causando o contra nosotros mismos por no habernos dado cuenta de lo que iba a suceder o no haberlo impedido.
Tristeza o depresión por lo perdido. En esta etapa se siente angustia o miedo ante un futuro desconocido y difícil, los problemas que han de ser resueltos, la soledad, el rechazo o crítica de la gente, etc. También culpa por haber hecho ciertas cosas o por no haberlas hecho, y por el dolor que viven los hijos y otros familiares. Vergüenza por habernos fallado a nosotros mismos y al pareja, por no haber conseguido cumplir nuestras expectativas. O bien alegría, por haber terminado con los gritos, insultos y conflictos.
No existe un orden lógico en la intensidad o duración de estas emociones, en un mismo día, incluso, pueden darse varias de ellas, debido a que cualquier cosa que vemos u oímos puede despertar una emoción muy intensa.
La aceptación intelectual. Poco a poco se acepta y entiendo lo que está pasando. Nosotros mismos nos damos explicaciones y justificaciones relacionadas con lo que estamos viviendo. De nuevo el mundo empieza a estructurarse y a tener un poco de lógica, pero seguimos sintiéndonos mal. Empezamos a tomar decisiones, pero aún muy emocionales, pero por lo menos la vida empieza a parece más organizada. Es importante recordar que las emociones y los pensamientos no siempre van en la misma dirección. Y las decisiones emocionales, aunque inconscientemente, no suelen ser una buena opción. Pero por lo menos es un paso hacia delante muy importante.
La recuperación. Se puede hablar de recuperación cuando la ex-pareja deja de estar presente emocionalmente en nuestra vida, nos sentimos tranquilos, dejamos de mirar hacia el pasado y empezamos a ver el futuro como algo positivo. Nos sentimos capaces de resolver los problemas que se presentan a diario y podemos disfrutar de nuestras actividades y relaciones.
La recuperación total se da cuando nos hemos perdonado y hemos perdonado a nuestra ex–pareja.