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Seguro que alguna vez has sentido que no te comprenden los hombres: tu padre, tu pareja, tus hermanos, tus hijos… Por más que intentas hablar con ellos siempre hay algún detalle fundamental que se les escapa. Sin embargo, ¿cuántas veces les hemos oído decir que somos muy complicadas? Ellos dicen que no hay quien nos entienda, pero para nosotras no es tan difícil. ¿Será que somos diferentes?
Si te fijas, básicamente es un problema de comunicación. Las mujeres hablamos más, nos comunicamos mejor. Para una mujer es más sencillo poner en palabras sus sentimientos, sus preocupaciones, sus problemas. Los hombres dejan todas esas cosas del “sentimentalismo” de lado, son chicos de acción, van directos al grano.
Una dificultad que hay que añadir a la comunicación es que se produce en tiempos mentales diferentes, o a ritmos distintos. Me explico. Tú quieres sacar una conversación, y ya tienes algo planeado. Tus pensamientos están más o menos ordenados y podría decirse que tienes un plan. La otra persona está en blanco. Cuando tú empiezas a hablar estás dando por supuestas muchas cosas porque para ti son obvias, pero para él, que tiene la mente en blanco, lo que tú le estás diciendo carece de sentido o es complicado. Entonces es cuando dice que eres complicada y tú le contestas que no hace nada por entenderte.
La solución es sencilla: cuando quieras mantener una conversación sobre un tema importante lo mejor es que empeceis hablando desde cero. No hay que dar nada por sobreentendido y, si ves que algo no queda claro, explícate. Tiene que saber todo lo que tú piensas para que pueda opinar con conocimiento.
Y luego está esa manía nuestra de aguantar todo esperando que salga de ellos. Estás haciendo la colada y te quejas porque te duele la espalda, pero no le pides ayuda directamente, sino que esperas que él te oiga quejarte y se levante a ayudarte. Esto puede que no dé resultado, y lo único que consigas sea terminar la tarea, seguir con tu dolor de espalda y cabreada porque ignora tus “señales”. ¿No te parece más fácil pedirle ayuda directamente explicándole que tú sola no puedes hacerlo? Si se niega, ya sí que puedes cabrearte, pero con razón.
Un último consejo: al llegar a casa debeis daros al menos media hora de prórroga. No habléis directamente, es mejor que os relajéis y descanséis un poco. Cuando uno vuelve del trabajo con toda la tensión acumulada no es el mejor momento para una conversación complicada porque lo más probable es que descargue con la otra persona todo su estrés y, en lugar de solucionar algo, sólo conseguiréis una discusión infructuosa.